Entre profundos sueños rotos desperté,
Entre desaforadas melodías camine,
Ante la absoluta incertidumbre me encontré,
Y aprendí a odiar lo que alguna vez ame.
En el umbral de mi vida,
Llore aquella mentira,
Vi sangrar aquella herida,
Sin saber que la sangre era mía.
Veo y apruebo el bien, pero hago el mal,
No moriré enteramente, sino hasta el final,
Si entendiste la razón, hoy ya da igual,
Pues mi corazón ya se oxido, cual metal.
En el carrusel fantasma, yo me he de quedar,
Un desgastado caballo azul de metal, he de montar,
Aquí me siento a salvo, no tengo miedo, no temo nada
Pues aunque me muevo y giro, siempre regreso al mismo lugar…


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